Informe nº 1: INTRODUCCIÓN

Explicación del nombre del blog:No es necesaria. Ya pronto lo entenderá.(¿Notó que sólo usé una vocal, la a?)
Génesis:

La elección largamente rumiada iba agregando opciones a medida que los días pasaban .
Desarrollo:
Primero fue una sola opción: VOY A IR A UN GIMNASIO, porque esto de que no me entre la ropa, ya me está creando una angustia existencial de dimensiones insospechadas.
Pero las dimensiones de mi angustia existencial, al parecer, no eran tan importantes, porque, en el fondo de mi corazoncito, yo sabía que si encontraba uno a gusto, iba a empezar a encontrar excusas diversas, en general muy creativas (porque yo soy muy creativa, eso sí, para todo, y, en especial, para las excusas) para ir una vez sí y dos no. Con la consiguiente carga de culpa generada por semejante derroche de dinero. La cual culpa tendría que ser apaciguada consumiendo peligrosas cantidades de turrones, bizcochos de grasa y mantecol, que provocarían nuevos expandimientos dimensionales a nivel corporal.
Entonces, surgió la segunda opción:
VOY A ESCRIBIR ALGO, pensé, con íntimo regocijo. Pero también pensé, con íntima frustración, que no es posible publicar sin gastar dinero en costosas impresiones, distribución y publicidad, y sin tener que frustrarme recibiendo infinitos rechazos de editores. Así que no hacía nada.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Sección SOCIEDAD ACTUAL: Género: femenino; número: singular.



Si hay algo que no SOPOOOOORTOOO son los blogs, los libros, las series de TV y las películas sobre/de mujeres solas cuya vida gira alrededor de un eje exclusivo: conseguir un HOMBRE.

Novio, amorío, marido, concubino, amante, esposo con libreta, cualquier cosa. Pero tener uno para su uso personal (y no digo exclusivo, porque muchas no exigen eso) con tal de tener un macho de la especie.

Los chats, las confiterías, los talleres literarios, las discos están infestados de esas mujeres. Están al acecho, cual gatas en celo. Desparraman feromonas a diestra y siniestra, como dardos con anzuelos en vez de puntas.

¿Por qué nuestra vida femenina (aclaro que pertenezco al género femenino, número singular) debe ser articulada y girar sobre el eje fundamental de un representante masculino de la especie?

En esta época de supuesta liberación femenina, ¿por qué es tan imprescindible contar con un hombre en la mesa, en la cama, en la casilla de chat y/o e-mail, o en el auto?

Sí, los hombres disponibles escasean. Este es el tema del actual simposio que se desarrolla hoy en el dormitorio de mi amiga Eleanor (que, en realidad, se llama Eleonora, como su abuela).

-¿Dónde están?- dice mi amiga Adelaida, mientras se saca la cera de depilar con furia masoquista- ¿Qué están haciendo?

- Yo, lo que quiero saber, es ¿con quién lo están haciendo?- dice mi prima Eunice, mientras tira frenéticamente las cartas del tarot sobre el cubrecama bordado de Eleanor.

-¿O más bien sucede que las únicas que hablan y se manifiestan son las que sufren tal carencia mientras las otras están usufructuando a los hombres de que las otras carecen?- dice mi hermana Megan, que es muy complicada para hablar, mientras se revienta un barrito frente al espejo con aumento de Eleanor.

-¿Habrá tal vez un histeriqueo pertinaz, o inconsciente, de parte de las carenciadas?-digo yo, que ando medio psicoparlante últimamente, mientras me aplico un perfume carísimo de Eleanor en el escote- ¿Será que dicen que quieren, pero cuando tienen cerca a algún espécimen lo patean?

-¿Será que hay mujeres que acaparan de a varias unidades como ocurre en el supermercado cuando se prevé una huelga o un feriado largo? -dice Adelaida, mientras se pasa un algodón con alcohol sobre la zona automaltratada.

Yo paso a otro ángulo de la cuestión, mientras me pruebo unas chinelas doradas de Eleanor:
-¿Es realmente imposible vivir sin hombres? Porque si los hombres no están acá, es porque no quieren, o no pueden, o no les interesamos, o prefieren estar en otro lado. ¿No podemos elegir nosotras también estar solas sin torturarnos? El trabajo, la lectura, los hijos, el hogar, el estudio, la cultura, el arte, las inquietudes sociales, ¿no alcanzan para llenar una vida? Y no lo digo "para matar el tiempo", sino para hacerla suficientemente gratificante y plena.

Percibo un conato de abucheo entre la concurrencia, y, por las dudas, me dispongo a cambiar la dirección de mi alegato, pero mi prima Eunice toma la posta.

-¿Acaso queremos un hombre para que nos mantenga? ¡¡Pero si la mayoría de las mujeres trabajamos, y si nos descuidamos tenemos que mantenerlos a ellos!!- dice , mientras se pinta las uñas con un esmalte verde esmeralda de Eleanor.

Mi hermana Megan aporta ahora su sapiencia y experiencia:

-¿Para que nos arreglen las canillas o la licuadora cuando se descomponen? Si hay técnicos, mujer, que además de ser eficientes y de tarifas módicas, suelen ser bastante "serviciales" en otros aspectos, más que muchos maridos y novios, si vamos al caso. Y hasta nos pueden hacer ambos servicios gratis, si somos astutas.- y sonríe con cara de "no sé si...", mientras se pone en las pestañas el rimmel plateado de Eleanor.

-¿Para que nos defienda de los ladrones? Mmm, yo no confiaría tanto en las cualidades de "security man" de ninguno. Un spray congelante o adormecedor en la cartera, o un silbato ultrapotente, nos serán más útiles - dice mi prima Adelaida, volcando el contenido de su bolso en la cama y sacando a relucir su arsenal privado.

Yo expongo entonces mi teoría personal:

- Los hombres tienen miedo de afrontar un compromiso en el que se vean demasiado exigidos. Y tienen razón. Las mujeres, hace décadas que venimos proclamando nuestra autosuficiencia, superioridad, inteligencia y competencia. Y cuando tenemos a nuestro alcance un hombre, le exigimos que sea autosuficiente, competente, protector, tierno y omnipotente. Pero nunca estamos conformes - afirmo categóricamente, al tiempo que inhalo un vasodilatador de Eleanor, y casi muero con la faringe destruida.

Suena entonces un teléfono, y todas corren como desesperadas a atender. Me quedo masticando el asunto, porque a mí no me llama nadie, y se me ocurren muchas cosas. Es que este tema tiene mucha tela para cortar, pero a mí ya me duele la mano de sostener la tijera.

Así que será hasta el próximo simposio.